Fidelina y Belencita, musas de dos músicos

Fidelina Belencita con su prima
Fidelina y Belencita, las musas que inspiraban a dos músicos paraguayos de las cuales contaremos sus historias de amor con los mismos. La música es la forma de expresión más sublime de este sentimiento que se celebra hoy en el país.
La mirada noticiosa seleccionó dos historias de amor en el mundo de la música paraguaya, la de Mauricio Cardozo Ocampos y la de Emiliano R. Fernández. Consultamos con el historiador Fabián Chamorro para conocer los relatos amorosos de los dos artistas nacionales que nos llamó más atención para contar en este blog.
Mauricio y Fidelina. Mauricio Cardozo conoció en 1940 a ´´una morena de ojos profundos´´-como expresa en Morena, una de sus guaranías-, que se adueñaría de su corazón. Fidelina Fleitas, se llamaba; ambos del pueblo de Ybycui. Ella cantaba y se conocieron en una fiesta que se realizo en el salón ´´Verdi´´de La Boca, Buenos Aires, un fin de año. El romance pronto se inició y creció. Se casaron el 11 de agosto de 1941.
De los primeros años de convivencia data la guaranía ´´Regalo de amor´´ convertida hoy en emblemática canción. Fidelina sería la musa inspiradora, entre otras, de ´´Paraguaya linda´´, ´´Morena´´, ´´Añoranzas´´ y ´´Che Morena mí´´.
El eco de las palabras de Mauricio aún resuena en el silencio de los recuerdos: ´´No tenés derecho a quejarte, si sos la mujer más cantada del Paraguay...´´(Mauricio Cardozo Ocampos). Ante los reclamos de ellos de acuerdo con aquéllos que eran conocidos del matrimonio, estas expresiones surgían espontáneas, y el inapelable poder de aquella frase transformaba el enojo en una dulce y cómplice sonrisa.
Emiliano y Belencita. El gran amor de Emiliano R. Fernández fue María Belén Lugo, su amada Belencita. Aunque también cantó a otras, ella fue la pasión que más lo inspiró.
En 1929, cuando Emiliano dirigía un novenario en Ysaty, vio por primera vez a la que se quedo prendado de amor hasta su último aliento. María Belén dudó al principio, pero terminó correspondiendo a sus sentimientos.
Cuando estalló la Guerra del Chaco, Emiliano fue uno de los primeros en presentarse. Su novia quedó esperándola.
El 8 de agosto de 1933, se casó con su amada en San Antonio. Al año siguiente, el 24 de febrero, completaron su matrimonio en la iglesia de Caacupé. Luego, Emiliano regresó a las trincheras.
Al declararse la paz y la desmovilización, el poeta bilingue no se detenía nunca en ningún lugar.
En 1940 Belencita le anunció que aguardaba la llegada de un hijo. Le imploró que no se alejara tanto, que retornara más a menudo de sus andanzas. Con él ausente nacía su único hijo Ramón Ernesto(ya fallecido). Ya no volverían a estar juntos nuevamente.
Él le dedicaría "LA ÚLTIMA LETRA". Se transcribe una parte:
A ti flor de mi vida, selvática azucena,
ko rohejakuetévo adiós ndéve ta'e;
la más triste palabra que en mi labio suena
ko'agâ rehendúta ipahaite.
Secáronse las flores de mi vergel soñado
hakâ pirupaitéma upe che yvotymi,
el raudo torbellino impío y malvado
umi aipotava'ekue oitypáma chehegui.
Mi pobre vida enferma muriente ya dormita
mba'e mbyasy poguýpe che ára aha'arô
y tú reina terrestre, amada Belencita,
upe ndacherayhúigui reipotave amano.
Yo llevo tu recuerdo, recuerdo que en mi vida
oikova'erâ che akâme mame iñongatupy,
novela de una noche de luna esclarecida
ñaime ramo guaye vy'ápe tupâsy.
Y hoy sigo este sendero buscando ya el olvido
si nde niko che china ndacherayhu mo'ái
por eso iré cruzando los llanos inconocidos
ahechave'ỹ haguâme umi nde resa jajái.
Y si mañana recuerdas a este bien perdido
ne añókena eguapy ha nde py'apýpe ere
se fue aquel vidente que tanto me ha querido
ohótama anga yvytúre anítamo ouve.
Yo quiero que tú borres mi nombre despreciado
ani umi rehayhúva che rérare ipochy
que quede para ellos la carne del pecado
ko'âga che ahejáva aikóre ijaheipy.

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